21/4/11

Cuando le dije que la pasión por definición no puede durar,
¿cómo iba yo a saber que ella se iba echar a llorar?.
"No seas absurdo -me regañó-, esa explicación nadie te la pidió,
así que guárdatela, me pone enferma tanta sinceridad".

Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.

Yo le quería decir que el azar se parece al deseo,
que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo,
que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca la sucia rutina.

Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
contarle que el universo era más ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar mentiras piadosas.

Y, cuando por la quinta cerveza,
le hablé de esa chica que me hizo perder la cabeza
estalló: "¿Vas a callarte de una vez, por favor?"

Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.

Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera,
contarle que el universo era más ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar mentiras piadosas.