No existes.
La polaroid sobre la silla, un brillante truco de apariencia, tu presencia es mi pesadilla.
No existes.
Como un extraño tic nervioso arrojo palabras, gestos contra la pared.
Toda una noche embalsamados, golpeé las mismas caras una y otra vez, temí por mi cerebro aprisionado en una trama vulgar.
Quizás deba tomarme una revancha, aún tenemos cuentas que saldar.
Deslizaré mi puño por tu espalda.
No existes.