7/12/10

Cuando se despertó no recordaba nada de la noche anterior. “Demasiadas cervezas”, dijo al ver mi cabeza al lado de la suya en la almohada, y la besé otra vez... pero ya no era ayer, sino mañana. Y un insolente sol, como un ladrón, entró por la ventana.
El día que llegó tenía ojeras malvas y barro en el tacón; desnudos pero extraños, nos vio roto el engaño de la noche, la cruda luz del alba. Era la hora de huir, y se fue sin decir “llámame un día”. Desde el balcón, la vi perderse en el trajín de la Gran Vía.
Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido; una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido.
La pupila archivó un semáforo rojo, una mochila, un peugeot y aquellos ojos miopes, y la sangre al galope por mis venas, y una nube de arena dentro del corazón, y esta racha de amor sin apetito. Los besos que perdí por no saber decir te necesito”.
Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido; una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido.