14/9/10

En mi barrio, allá por el año 94, estuvimos casi dos meses sin luna. La mayoría de la gente no se dio cuenta pero yo la vi desaparecer. La luna cuando se esfuma hace un ruido como de succión que te eriza la piel. La gente vive tan ocupada que suele no darle demasiada importancia a los fenómenos astronómicos, pero los poetas, las enamoradas y los científicos decidieron barrer cielo y tierra para dar con el bendito satélite. Se pegaron carteles en los techos, se pusieron tramperas de queso y hasta se le cantaron canciones. Nada. Los más chiquitos la tenían que buscar en los charcos. Los grandes, hacían turnos con el telescopio. Nadie encontró la luna, pero Ernesto, de la fiambrería, encontró una estrella de salchichón. Las enamoradas y sus novios, fueron carnada, se les obligó a besarse durante horas en los zaguanes para tentar a la luna. No hubo caso, la luna seguía sin aparecer. Finalmente, apareció una mañana. La traía remolcada una grúa espacial. El mecánico marciano tardó media hora en acomodarla. La luna se quejaba de que estaba mal puesta. Maniobraron un rato hasta que el marciano se subió a la grúa espacial y se fue. Cuando se lo conté al barrio nadie quiso creerme.


- Dale